Mañana tienes que postear y todavía no tienes claro qué hacer.
Así que abres Instagram a ver qué se está haciendo.
Un reel con música de fondo. Otro con texto animado que entra desde la derecha. Uno que dice "3 errores que cometes al comprar X"... el mismo que viste la semana pasada con un producto distinto, y otro dueño de negocio siendo creador de contenido a la fuerza.
Muy triste.
Cierras Instagram.
Abres TikTok.
Cierras TikTok.
Vuelves a Instagram.
Ya son las 12 de la noche y te mandas un whatsapp a ti mism@ con una idea para hacer al día siguiente.
Lo subiste y no pasa nada. Un par de likes que ya ni siquiera son importantes en Insta. 2 son tuyos desde otras cuentas. El algoritmo decidió que ese día no iba a mostrar tu videito.
En algún momento decidiste que esto no podía seguir así y le pagaste a alguien para que lo manejara.
Te dijeron que ellos se encargaban de todo.
Lo que no te dijeron es lo que significa todo.
Significa que te van a escribir el lunes para pedirte las fotos. El miércoles para pedirte los textos de referencia. El jueves para alinear el tono. El viernes para la aprobación. Y el sábado, por WhatsApp, para ver si viste el mensaje del viernes.
Delegaste el trabajo y terminaste siendo el asistente de tu propio asistente.
Mientras tanto, en tu Klaviyo hay una lista que lleva meses sin recibir un solo email.
Personas reales que compraron. Que pusieron su tarjeta, esperaron el despacho y quedaron conformes.
Y desde ese día no volviste a escribirles.
Porque siempre había algo más urgente. El reel del lunes. El post del jueves. La historia que caduca en 24 horas. Mandarle los textos a la agencia.
El canal que no depende de ningún algoritmo, no compite con nadie y no caduca lleva meses apagado.
Eso es lo que estamos aquí para cambiar.